UPATA, ORIGEN DEL NOMBRE Para refrescar la memoria sobre el origen del nombre UPATA no hay dudas que es un vocablo estrictamente aborigen que proviene desde antes del Descubrimiento y la Conquista de América y cuyo significado no está esclarecido total y definitivamente para muchos investigadores, historiadores y lingüistas. Sin embargo, algunos especialistas en lenguas indígenas que he tenido la oportunidad de consultar con el Padre Buenaventura Carrocera y Fray Cesáreo de Armellada, en trabajos realizados, sostienen que Upata significa “MI TIERRITA, “MI PEQUEÑA REGION”, “MI TERRUÑO”, “MI CASA”, etc. UPATA DURANTE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA La Villa de San Antonio de Upata tiene importancia capital en nuestra gesta emancipadora por los recursos humanos, económicos y materiales que aportó la Campaña de Guayana al Ejército Libertador para su mantenimiento. En variados documentos, algunos pertenecientes al Libertador Simón Bolívar, se ha comprobado que la mayoría de los soldados que lucharon con arrojo y valentía en la Batalla de San Félix, el 11 de Abril de 1817, habían sido reclutados en la Villa de Upata y demás pueblos de Misiones (Pastora, Cupapuy, El Miamo, Tumeremo, El Palmar, Guasipati y Altagracia, etc.). Estos hombres eran flecheros, lanceros y fusileros e integraban los Batallones “Barlovento” , “Honor” y “Conquista de Guayana”, quienes pelearon valerosamente en la Batalla de San Félix, librada por el General Manuel Carlos Piar frente al Jefe Realista Miguel de la Torre y Pando. La historia y las tradiciones orales de varias generaciones han tratado de mantener vivos algunos nombres de upatenses como testigos irrefutables del aporte decisivo del pueblo upatense a la libertad de Venezuela durante los azarosos momentos de la Guerra de Independencia. Entre los nombres que recuerda la posteridad está el del legendario Teniente de Lanceros Tomás Caurina, alias Tomasote. Indio guayano nacido en el sector de San Lorenzo, vía El Manteco, casi a las faldas del Cerro El Corozo, próximo a la jurisdicción urbana de Upata, a quienes los españoles tenían preso en la Misión de Guasipati por un crimen pasional. Fue puesto en libertad por el General Manuel Piar y el Presbítero José Félix Blanco, cuando tomaron las Misiones en 1817. Así se encontró en Libertad Tomasote, a quien dieron caballo y una lanza para entrar en las filas de los independientes, prestando útiles servicios desde entonces en la recolección y amansamiento de caballos para el Ejército Libertador. Fue este indio guayano (Tomasote), quien reunió alrededor de 500 caballos en el Paso de Carhuachi y con los cuales se apoyó el General Manuel Piar para combatir y triunfar en San Félix. El mismo Tomasote fue nombrado Teniente de una Compañía de Lanceros escogidos que servía en la guardia del General en Jefe y combatió heroicamente contra los fusiladores del Jefe Realista Miguel de La Torre en la Batalla de San Félix. En el último choque de esta batalla regional, cayó muerto por una bala de fusil el indio Tomasote, haciendo de él honorífica mención la orden del día, que se publicó después del triunfo. De esta forma terminó la vida de un héroe upatense anónimo hoy convertido en una leyenda, cuya carrera empezó por una legítima venganza social, concluyendo con la venganza, no menos legítima, de una raza oprimida contra la opresora. Otro valiente patriota upatense que destacó en nuestro proceso de emancipación fue el indio Pedro Martínez, perteneciente al Batallón “Primero de Rifles”, quien hizo prisionero al General español Tomás Barreiro en la Batalla de Boyacá, librada el 6 de Agosto de 1821. De los batallones formados por el Libertador, Simón Bolívar, con indígenas de la Villa de San Antonio de Upata, el “Primero de Rifles” fue el que más se destacó en la Guerra de independencia, tanto por el valor de sus hombres como por los difíciles combates donde intervino desmembrado y debilitando a los terribles Ejércitos Realistas que a la larga lucían poderosos en todos los aspectos y hasta en la posición estratégica que ocupaban para el momento de cada acción guerrera . Desde el Valle del Yocoima, desde los lejanos montes de El Palmar, desde Cupapuy, Altagracia, Santa María, desde el campo de Chirica, atravesando las tupidas selvas y bosques guayaneses, venciendo las caudalosas y peligrosas aguas de los ríos Caroní y Orinoco, el Batallón “Primero de Rifles” con un puñado de hombres fatigosos y hambrientos sigue hacia el Occidente de Venezuela y remonta Los Andes en donde libra una difícil batalla que tuvo grandes bajas en el Ejército Realista. Posteriormente triunfa brillantemente en las Batallas de Junín, Bomboná, Pichincha, Ayacucho y finalmente en Carabobo, con lo cual culmina un largo proceso de liberación de los pueblos latinoamericanos y el fin del colonialismo español en América. Tales antecedentes y las raíces históricas de la Villa de Upata en la Guerra de la Independencia. El distinguido escritor guayanés Eduardo Oxford, haciendo alusión a la participación de la Villa de Upata en la Guerra de Independencia, señala en su obra “Geografía Médica del Yuruary” lo siguiente: “En el desenvolvimiento de nuestra Gran Epopeya, ella llenó un capítulo de brillos. Los briosos clarines de nuestra histórica contienda, conmovieron sus auras, encumbraron sus anhelos y robustecieron sus energías; y, embebida en los épicos afanes de los libres, inscribió su nombre en el Catálogo de nuestra Democracia, al margen mismo de su vida independiente. “Personera del propósito sagrado, se intensificó en los repliegues de la bandera gloriosa de la Patria; y marchó con denuedo, altiva la frente y serena la mirada, en resolución solemne, irrevocable, con todos sus equipos, sus estrategias y sus valores, al campo memorable de San Félix. Chirica admiró sus despejos en la brega, apreció sus ímpetus de patria y aplaudió con una palmada de cariño la parte que a Upata correspondía”. UPATA, CLARÍN DE LIBERTAD E INDEPENDENCIA: En los albores de la formación de la Nacionalidad, de la Identidad y en el logro de una conciencia patriótica, fueron muchos los pueblos y ciudades que hicieron denodados esfuerzos y aportes a la causa de la Independencia de Venezuela; sirvieron asimismo de múltiples escenarios que dejaron profundas huellas en nuestro proceso histórico y cultural que son un genuino ejemplo de nuestras generaciones pretéritas para quienes hoy construyen el futuro del país con su trabajo y sus ideales. Uno de estos pueblos nacidos al calor de nuestra historia cobijados bajo la sotana del Misionero que brilló con luz propia y marchó libre y decididamente al campo de batalla, fue la Villa de San Antonio DE Upata, venida a la luz, el 7 de Julio de 1762 bajo la protección del Rey de España, Don Carlos III. Esta Villa de Upata ocupó capítulos brillantes en la gesta emancipadora. En tierras upatenses, el General Manuel Piara reclutó la mayor parte de los hombres que enfrentaron a las tropas realistas del General Miguel de La Torre y Pando, en la Batalla de San Félix, el 11 de Abril de 1817. Esta apreciación, hace pensar que los hombres upatenses estaban revestidos de una singular fortaleza, valentía, astucia e inteligencia, condiciones naturales que permitieron al Ejército Patriota, controlar rápidamente la situación con táctica y gran seguridad. Esos hombres que hicieron posible la libertad del territorio guayanés, procedían del corazón de una tierra que no vaciló en atender el llamado que le hizo en 1817, el General Manuel Piar en su ya famosa proclama a los upatenses. Para entonces la Villa de Upata tenía apenas la Plaza Mayor y algunas casas de tejas, bahareque y carata que venían de la época colonial. Los upatenses preocupados como estaban por el estado de sitio que le tenían las tropas realistas, se llenan de júbilo cuando el General Manuel Piar entra con su victorioso Ejército por las polvorientas y amplias calles de la Villa el 6 de Febrero de 1817 y en su proclama les brinda protección y seguridad para ellos y sus bienes y los exhorta al cumplimiento de sus deberes con la Patria así como su incorporación a los ideales de libertad e independencia. Con hombres de esta misma Vil la de Upata, el Libertador Simón Bolívar, ordenó al General Manuel Piar, la formación del Batallón RIFLES que marcharía airoso a libertar otros pueblos del Continente Americano, sobresaliendo en las Batallas de Junín, Bomboná, Pichincha y finalmente en el campo de Carabobo, donde se coronó de gloria, regando la tierra con la brava sangre upatense. Por su parte el Batallón Lanceros formado también en Upata destacó en la Batalla de San Félix. Las lanzas y caballos utilizados por el General Manuel Piar en San Félix y las mulas que cambió el Libertador Simón Bolívar para traer una Imprenta desde la Isla de Trinidad hasta la antigua Angostura en 1818, procedían de las Misiones del Caroní cuyo centro económico y político era la Villa de Upata. Para entonces la Villa de Upata contaba con varias forjas de hierro en sus alrededores en donde los indios fabricaban todas las armas y pertrechos de guerras del Ejército Patriota que les permitiera llevar sin contratiempo su acción libertadora. También en las tierras del Valle de Upata crecían silvestres manadas de caballos salvajes que montaron los valientes soldados venezolanos que combatieron en San Félix a la primera clarinada del 11 de Abril de 1817. En esta dura y fatigante pero noble tarea de capturar y amansar los caballos cerreros, sobresalió un hombre de elevada estatura y áspera fisonomía calcinada por el sol, llamado Tomás Caurina, apodado Tomasote, bravo indio upatense nacido a las faldas del Cerro El Corozo (Sur de Upata) y quien llegó a reunir a más de 500 caballos que estuvieron presentes en la gesta de San Félix. Pero ya antes de la Batalla de San Félix, el temeroso Tomasote estaba rodeado de las más atractivas e interesantes leyendas por los crímenes que cometió en Upata, por el juicio que se le hizo en 1812 y por la libertad que le concedió en 1817 el General Manuel Piar cuando lo encontró prisionero en la Misión de Nuestra Señora de Guasipati. Detrás de Tomasote brillaron con hidalguía los valerosos indios Pedro Martínez y Tomás Gutiérrez como tantos otros indios, agricultores y criadores, sumados al grito de libertad e independencia de nuestra Patria. Desgraciadamente todos estos nombres están lanzados al olvido. Hoy la gente de Upata y todos los habitantes de los pueblos cercanos, quizás no habrían entrado de lleno a nuestra historia regional, si nuestros héroes de ayer no hubieran agarrado con firmeza los estribos de los briosos caballos y el mango de las filosas lanzas para ejercer la soberanía en las tierras el sur orinoquense hasta entonces en manos del poderío español. Es aquí, donde radica la importancia de la Villa de Upata y otros pueblos y cuyas actuaciones a través de sus hombres, caballos y equipos militares, fueron un clarín de libertad e independencia en la consecución de nuestra gesta emancipadora. El arecuna u otras tribus llaman PATA al sitio donde ponen su planta, que les pertenece por derecho legítimo, su lugar, su país, su casa, su patria, etc. Y la voz equivale en los mismos dialectos al posesivo Mi, acostumbrando anteponerlo al nombre para determinar lo que es de ellos; por lo tanto Up-ata significa “Mi terruño”, “Mi tierra”, según los lingüistas citados. Pero el romancero popular y muchos escritores y folcloristas atribuyen a Upata, el significado de ROSA DE LA MONTAÑA y que dicho nombre proviene de la hija del Cacique Yokoima, Jefe de la tribu indígena de Los Arinagotos, antiguos habitantes que ocuparon los terrenos donde está hoy el Municipio Autónomo Piar del Estado Bolívar. Uno de estos que atribuye a Upata el significado de ROSA DEL BOSQUE, es el escritor guariqueño Celestino Peraza, quien vivió muchos años en Guayana y el cual en su libro Leyendas del Caroní, destaca algunos pasajes de la Villa de Upata refiriéndose al origen de su nombre. Relata el citado escritor en su obra Leyendas del Caroní que Rosa del Bosque es la traducción del vocablo Upata, nombre que da a la hija del Cacique Yokoima. RESEÑA HISTÓRICA DE LA FUNDACIÓN DE UPATA Upata fue fundada el 7 de julio de 1762 por los Padres Capuchinos C atalanes, como Villa de Españoles y capital del sector Este de las Misiones del Caroní. Tuvo un destacado papel durante la guerra de Independencia. Desde principios del Siglo XX alcanzó el rango de capital de Distrito, anteriormente sus límites llegaban hasta el Orinoco, desde su encuentro con el Caroní en su franja Oriental hasta la frontera con el Delta Amacuro. Al Sur sus límites se extendían hasta la Sierra Pacaraima y Riconote en la frontera Sur de Venezuela con el Brasil. Parte del Parque Nacional Canaima, incluyendo su famoso campamento turístico adyacente a la Laguna de Canaima, formaba parte de su territorio, y limitaba desde el Orinoco hasta la Frontera con Brasil con el Municipio Heres. En la década del 60 su franja Norte pasó a formar parte del Municipio Caroní, perdiendo así su dominio sobre la zona de San Félix, El Roble y Palúa. En la década de los 90, con la creación de los municipios Gran Sabana y Padre Chien, el territorio del municipio Piar se redujo a la mitad, hasta sus actuales 12 mil kilómetros cuadrados. La ciudad de Upata se localiza en el Nor-Este del Estado Bolívar, específicamente en la parte superior del Valle del Río Yocoima. Ocupa en la actualidad un área de 1.242 hectáreas que están enmarcadas entre los 62º 21´y 62º 25´de Longitud Oeste y los 2º 58´y 0º 2´ de Latitud Norte. Administrativamente la ciudad de Upata está adscrita al Municipio Upata, Municipio Autónomo Piar y del cual es su capital. Upata se encuentra ubicada a la entrada de la Depresión del Cuyuní, donde se encuentran asentados el mayor número de centros urbanos de alguna importancia social, cultural y económica del Estado Bolívar. Por ello, encontramos a Guasipati, El Palmar, Tumeremo, El Miamo, El Callao, El Dorado y Santa Elena de Uairén. Esta ubicación le ha permitido convertirse en el centro económico de todos estos pueblos y del interior de la Guayana venezolana, a pesar de las distancias que la separan de la capital guayanesa y de los pueblos antes citados. La ciudad de Upata está asentada sobre el valle del Río Yocoima, perteneciente a la Subregión Baja del Río Caroní, a unos 350 metros sobre el nivel del mar. Se encuentra rodeada de cerros y colinas con alturas variables que fluctúan entre los 674 metros como el Cerro El Toro y el Cerro El Corozo con 525 metros como alturas máximas y 300 metros las colinas más bajas del sector. Estas unidades conforman una Serranía que encierra a la ciudad, dejándole tan sólo salidas naturales hacia el Sur y Sur-Este de la misma. Upata tiene una población estimada de 500.000 habitantes y está considerada como una de las poblaciones de mayor crecimiento en la región guayanesa. La ciudad se ha convertido en nudo de comunicación en relación a Ciudad Guayana, El Pao, El Manteco y los demás pueblos del sur guayanés y de otros centros poblados del sur y oriente del país. La ciudad se encuentra a 45 kilómetros de Ciudad Guayana, a 174 kilómetros de Ciudad Bolívar, a 1º1 kilómetros de Guasipati, a 83 de El Manteco, a 47 de El Pao y a 60 kilómetros de la fresca población de El Palmar. ACTA DE FUNDACIÓN DE UPATA “En nombre de la Ssa. Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, hoy 7 de Julio de 1762, se plantó la Ssa. Cruz en este pueblo de San Antonio de Upata, siendo Prefecto el M.R.P.B. Benito de La Garriga y Conjúdices los RR.PP. Narciso de la Bisbal y Ioseph de la Guardia PP. Menores. Nota 1. El 31 del mismo mes y año, se acabaron de fabricar 11 casas de tumbar o sembrar, 12 labranzas para las nuevas familias y se colocaron dichas familias al pueblo, día trece de septiembre del mismo año y fueron 10 dichas familias en sus principios y el mismo día y año se les puso padre. Nota 2. Que se hizo la bendición solemne de la iglesia y se celebró la primera misa día 17 del mismo mes y año. Nota 3. Que las casas, labranzas e iglesias, lo trabajaron los indios de Cupapuy, el R.P. Jaime Anglesola, Predicador y es Conjúdice y de Alta Gracia, el Padre Domingo de Olot, Predicador. Nota 4. Que los indios peones de ambas misiones se les dio la paga en carne. Nota 5. Que se colocó el Santísimo Sacramento en la iglesia, el día 13 de Junio de 1763, estando toda la comunidad presente, y el mismo día y año se cantó la misa y predicó el Padre Domingo Olot y se hizo la procesión solemne del Santísimo Sacramento. Nota 6. Que hoy día trece de Junio de 1763 con 24 casas y en ellas colocadas 26 familias, se celebró la misa, se hizo la procesión con el S. Sacramento, quedando permanente en el Sagrario. De todo doy fe y lo firmo. Fray Antonio de Cervera, Presidente de dicho pueblo”. El Padre Fray Cesáreo de Armellada publicó el segundo documento referente a la fundación de la villa de Upata, señalando que él mismo forma parte de una nota “que escribió al encabezar el primer libro de bautismo al Padre José Antonio Cervera”. Señala el Padre José Antonio Cervera que “son siete hitos que podríamos llamar los siete días bíblicos de la fundación de Upata. Ellos son: “1. A comienzos de 1762 los PP Jaime de Anglesola y Domingo Olot con sus indios de Cupapuy y Altagracia comenzaron las casas y labranzas” “2. El 7 de Julio de 1762 se plantó la Santísima Cruz” “3. El 31 de Julio se terminaron las labranzas y 11 casas”. “4. El 13 de Septiembre se establecieron 10 familias; y desde ese mismo día residió con ellas el P. José Antonio Cervera.” “5. El 17 de Septiembre se celebró allí la primera misa”. “6. El 11 de Febrero de 1763 los vecinos firmaron un papel de recibo de las casas y labranzas con el compromiso de asistir a los Misioneros en los motines de los indios y en las entradas.” “7. El 13 de Junio de 1763 se cantó solemnemente la misa, se hizo procesión con el Santísimo Sacramento y desde ese día quedó permanente el Señor Sacramentado en el Sagrario. Y con este acto se dio por terminada y bien fundada la Villa de Españoles de San Antonio de Upata.” UPATA DURANTE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA La Villa de San Antonio de Upata tiene importancia capital en nuestra gesta emancipadora por los recursos humanos, económicos y materiales que aportó la Campaña de Guayana al Ejército Libertador para su mantenimiento. En variados documentos, algunos pertenecientes al Libertador Simón Bolívar, se ha comprobado que la mayoría de los soldados que lucharon con arrojo y valentía en la Batalla de San Félix, el 11 de Abril de 1817, habían sido reclutados en la Villa de Upata y demás pueblos de Misiones (Pastora, Cupapuy, El Miamo, Tumeremo, El Palmar, Guasipati y Altagracia, etc.). Estos hombres eran flecheros, lanceros y fusileros e integraban los Batallones “Barlovento” , “Honor” y “Conquista de Guayana”, quienes pelearon valerosamente en la Batalla de San Félix, librada por el General Manuel Carlos Piar frente al Jefe Realista Miguel de la Torre y Pando. La historia y las tradiciones orales de varias generaciones han tratado de mantener vivos algunos nombres de upatenses como testigos irrefutables del aporte decisivo del pueblo upatense a la libertad de Venezuela durante los azarosos momentos de la Guerra de Independencia. Entre los nombres que recuerda la posteridad está el del legendario Teniente de Lanceros Tomás Caurina, alias Tomasote. Indio guayano nacido en el sector de San Lorenzo, vía El Manteco, casi a las faldas del Cerro El Corozo, próximo a la jurisdicción urbana de Upata, a quienes los españoles tenían preso en la Misión de Guasipati por un crimen pasional. Fue puesto en libertad por el General Manuel Piar y el Presbítero José Félix Blanco, cuando tomaron las Misiones en 1817. Así se encontró en Libertad Tomasote, a quien dieron caballo y una lanza para entrar en las filas de los independientes, prestando útiles servicios desde entonces en la recolección y amansamiento de caballos para el Ejército Libertador. Fue este indio guayano (Tomasote), quien reunió alrededor de 500 caballos en el Paso de Carhuachi y con los cuales se apoyó el General Manuel Piar para combatir y triunfar en San Félix. El mismo Tomasote fue nombrado Teniente de una Compañía de Lanceros escogidos que servía en la guardia del General en Jefe y combatió heroicamente contra los fusiladores del Jefe Realista Miguel de La Torre en la Batalla de San Félix. En el último choque de esta batalla regional, cayó muerto por una bala de fusil el indio Tomasote, haciendo de él honorífica mención la orden del día, que se publicó después del triunfo. De esta forma terminó la vida de un héroe upatense anónimo hoy convertido en una leyenda, cuya carrera empezó por una legítima venganza social, concluyendo con la venganza, no menos legítima, de una raza oprimida contra la opresora. Otro valiente patriota upatense que destacó en nuestro proceso de emancipación fue el indio Pedro Martínez, perteneciente al Batallón “Primero de Rifles”, quien hizo prisionero al General español Tomás Barreiro en la Batalla de Boyacá, librada el 6 de Agosto de 1821. De los batallones formados por el Libertador, Simón Bolívar, con indígenas de la Villa de San Antonio de Upata, el “Primero de Rifles” fue el que más se destacó en la Guerra de independencia, tanto por el valor de sus hombres como por los difíciles combates donde intervino desmembrado y debilitando a los terribles Ejércitos Realistas que a la larga lucían poderosos en todos los aspectos y hasta en la posición estratégica que ocupaban para el momento de cada acción guerrera. Desde el Valle del Yocoima, desde los lejanos montes de El Palmar, desde Cupapuy, Altagracia, Santa María, desde el campo de Chirica, atravesando las tupidas selvas y bosques guayaneses, venciendo las caudalosas y peligrosas aguas de los ríos Caroní y Orinoco, el Batallón “Primero de Rifles” con un puñado de hombres fatigosos y hambrientos sigue hacia el Occidente de Venezuela y remonta Los Andes en donde libra una difícil batalla que tuvo grandes bajas en el Ejército Realista. Posteriormente triunfa brillantemente en las Batallas de Junín, Bomboná, Pichincha, Ayacucho y finalmente en Carabobo, con lo cual culmina un largo proceso de liberación de los pueblos latinoamericanos y el fin del colonialismo español en América. Tales antecedentes y las raíces históricas de la Villa de Upata en la Guerra de la Independencia. El distinguido escritor guayanés Eduardo Oxford, haciendo alusión a la participación de la Villa de Upata en la Guerra de Independencia, señala en su obra “Geografía Médica del Yuruary” lo siguiente: “En el desenvolvimiento de nuestra Gran Epopeya, ella llenó un capítulo de brillos. Los briosos clarines de nuestra histórica contienda, conmovieron sus auras, encumbraron sus anhelos y robustecieron sus energías; y, embebida en los épicos afanes de los libres, inscribió su nombre en el Catálogo de nuestra Democracia, al margen mismo de su vida independiente. “Personera del propósito sagrado, se intensificó en los repliegues de la bandera gloriosa de la Patria; y marchó con denuedo, altiva la frente y serena la mirada, en resolución solemne, irrevocable, con todos sus equipos, sus estrategias y sus valores, al campo memorable de San Félix. Chirica admiró sus despejos en la brega, apreció sus ímpetus de patria y aplaudió con una palmada de cariño la parte que a Upata correspondía”. UPATA, CLARÍN DE LIBERTAD E INDEPENDENCIA: En los albores de la formación de la Nacionalidad, de la Identidad y en el logro de una conciencia patriótica, fueron muchos los pueblos y ciudades que hicieron denodados esfuerzos y aportes a la causa de la Independencia de Venezuela; sirvieron asimismo de múltiples escenarios que dejaron profundas huellas en nuestro proceso histórico y cultural que son un genuino ejemplo de nuestras generaciones pretéritas para quienes hoy construyen el futuro del país con su trabajo y sus ideales. Uno de estos pueblos nacidos al calor de nuestra historia cobijados bajo la sotana del Misionero que brilló con luz propia y marchó libre y decididamente al campo de batalla, fue la Villa de San Antonio DE Upata, venida a la luz, el 7 de Julio de 1762 bajo la protección del Rey de España, Don Carlos III. Esta Villa de Upata ocupó capítulos brillantes en la gesta emancipadora. En tierras upatenses, el General Manuel Piara reclutó la mayor part e de los hombres que enfrentaron a las tropas realistas del General Miguel de La Torre y Pando, en la Batalla de San Félix, el 11 de Abril de 1817. Esta apreciación, hace pensar que los hombres upatenses estaban revestidos de una singular fortaleza, valentía, astucia e inteligencia, condiciones naturales que permitieron al Ejército Patriota, controlar rápidamente la situación con táctica y gran seguridad. Esos hombres que hicieron posible la libertad del territorio guayanés, procedían del corazón de una tierra que no vaciló en atender el llamado que le hizo en 1817, el General Manuel Piar en su ya famosa proclama a los upatenses. Para entonces la Villa de Upata tenía apenas la Plaza Mayor y algunas casas de tejas, bahareque y carata que venían de la época colonial. Los upatenses preocupados como estaban por el estado de sitio que le tenían las tropas realistas, se llenan de júbilo cuando el General Manuel Piar entra con su victorioso Ejército por las polvorientas y amplias calles de la Villa el 6 de Febrero de 1817 y en su proclama les brinda protección y seguridad para ellos y sus bienes y los exhorta al cumplimiento de sus deberes con la Patria así como su incorporación a los ideales de libertad e independencia. Con hombres de esta misma Villa de Upata, el Libertador Simón Bolívar, ordenó al General Manuel Piar, la formación del Batallón RIFLES que marcharía airoso a libertar otros pueblos del Continente Americano, sobresaliendo en las Batallas de Junín, Bomboná, Pichincha y finalmente en el campo de Carabobo, donde se coronó de gloria, regando la tierra con la brava sangre upatense. Por su parte el Batallón Lanceros formado también en Upata destacó en la Batalla de San Félix. Las lanzas y caballos utilizados por el General Manuel Piar en San Félix y las mulas que cambió el Libertador Simón Bolívar para traer una Imprenta desde la Isla de Trinidad hasta la antigua Angostura en 1818, procedían de las Misiones del Caroní cuyo centro económico y político era la Villa de Upata. Para entonces la Villa de Upata contaba con varias forjas de hierro en sus alrededores en donde los indios fabricaban todas las armas y pertrechos de guerras del Ejército Patriota que les permitiera llevar sin contratiempo su acción libertadora. También en las tierras del Valle de Upata crecían silvestres manadas de caballos salvajes que montaron los valientes soldados venezolanos que combatieron en San Félix a la primera clarinada del 11 de Abril de 1817. En esta dura y fatigante pero noble tarea de capturar y amansar los caballos cerreros, sobresalió un hombre de elevada estatura y áspera fisonomía calcinada por el sol, llamado Tomás Caurina, apodado Tomasote, bravo indio upatense nacido a las faldas del Cerro El Corozo (Sur de Upata) y quien llegó a reunir a más de 500 caballos que estuvieron presentes en la gesta de San Félix. Pero ya antes de la Batalla de San Félix, el temeroso Tomasote estaba rodeado de las más atractivas e interesantes leyendas por los crímenes que cometió en Upata, por el juicio que se le hizo en 1812 y por la libertad que le concedió en 1817 el General Manuel Piar cuando lo encontró prisionero en la Misión de Nuestra Señora de Guasipati. Detrás de Tomasote brillaron con hidalguía los valerosos indios Pedro Martínez y Tomás Gutiérrez como tantos otros indios, agricultores y criadores, sumados al grito de libertad e independencia de nuestra Patria. Desgraciadamente todos estos nombres están lanzados al olvido. Hoy la gente de Upata y todos los habitantes de los pueblos cercanos, quizás no habrían entrado de lleno a nuestra historia regional, si nuestros héroes de ayer no hubieran agarrado con firmeza los estribos de los briosos caballos y el mango de las filosas lanzas para ejercer la soberanía en las tierras el sur orinoquense hasta entonces en manos del poderío español. Es aquí, donde radica la importancia de la Villa de Upata y otros pueblos y cuyas actuaciones a través de sus hombres, caballos y equipos militares, fueron un clarín de libertad e independencia en la consecución de nuestra gesta emancipadora.